El cliente apuraba un vaso de caña.
Eran las cuatro de la tarde, la cocina estaba cerrada y este nuevo señor
solamente tomaba caña. Una tras otra.
-Es bien casera, ¿vio?
-Sí. Muy espesa -respondió el
cliente, evitando el cruce de miradas.
El dueño de la taberna tenía hace
ya unos años su parador entre los dos pueblos de la carretera internacional.
Sus clientes eran camioneros de paso dada la situación de frontera. La
tranquila aparición del hombre pelirrojo le despertaba curiosidad por lo que
sus ojos no dejaban de seguir los movimientos del vaso. El colorado se percató
que era momento de retirarse antes que empezara el cuestionario.
Entonces, el colorado se levanta y
deja el dinero en el mostrador. Cuando le da la espalda, el dueño de la taberna
se da cuenta que el colorado lleva unos guantes de seda. La puerta del parador
se cierra. Por la ventana el dueño observa el caminar del colorado mientras se
inventa a sí mismo varias historias posibles.
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