El portero del edificio lo sabía todo.
Lo miró a los ojos de forma bastante extraña y el joven se dió cuenta, ella salió antes y él después. No sirvió de mucho la performance.
Ella luego lo miró dos veces dándose vuelta y se saludaron, las dos veces lo hicieron, casi de forma idéntica. El joven fue por un desayuno. Ella siguió por la avenida no mucho más porque relativamente eran vecinos. El portero siguió barriendo la suciedad de la mañana.
Lo miró a los ojos de forma bastante extraña y el joven se dió cuenta, ella salió antes y él después. No sirvió de mucho la performance.
Ella luego lo miró dos veces dándose vuelta y se saludaron, las dos veces lo hicieron, casi de forma idéntica. El joven fue por un desayuno. Ella siguió por la avenida no mucho más porque relativamente eran vecinos. El portero siguió barriendo la suciedad de la mañana.
Se habían encontrado en un bar citadino, algo neutral y para los
comentaristas de turno; algo riesgoso también ya que en el pueblo todos saben
que el joven, Pedro, tiene una compañera que no era esa joven. Los dos tomaron
whiskey doble y luego varias cervezas en salud de todo el tiempo que no se
habían visto. Eran casí 15 años. Se conocían muy bien, tenían lo que ella llamó
“el vinculo”, pero realmente, parece que se estaban reconociendo esa misma
noche en ese bar apestoso. La atracción siempre fue evidente hasta que fueron a la casa de
Pedro, donde siguieron tomando, se mordieron los labios varias horas, fumaron porros e hicieron
el amor violentamente. También durmieron juntos y se despertaron juntos.
En la
mañana, ella tenía los ojos en lágrimas por sus lentes de contacto que nunca
pudo sacarse.Luego del desayuno, Pedro volvió a su rutina en el auto, la gran
resaca que invadía su cuerpo y la tranquilidad de no sentirse culpable por lo
que había pasado la noche anterior se reflejaban en el retrovisor de la
camioneta cuando en cada minuto muerto se miraba.
Luego de terminar la jornada laboral y de cargamento, Pedro se encontró nuevamente con el portero del edificio. Está vez muy lejos de su
casa, esta vez a pocos metros de su trabajo,
esta vez, el portero le gritó desde lo lejos y lo saludó levantando la mano, algo nada habitual.
esta vez, el portero le gritó desde lo lejos y lo saludó levantando la mano, algo nada habitual.
El joven quedó paralizado un instante y luego siguió el camino hasta su casa.
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